
Este 8 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Visión, una iniciativa que busca generar conciencia sobre la importancia de cuidar la salud ocular y garantizar el acceso a una atención oftalmológica adecuada. Los controles periódicos permiten detectar tempranamente enfermedades y alteraciones visuales que pueden afectar la calidad de vida y, en muchos casos, prevenir o reducir la pérdida de visión.
Este año, la campaña global vuelve a desarrollarse bajo el lema #LoveYourEyes (Ama tus ojos) y pone el foco en las experiencias de las personas y las comunidades, promoviendo que el cuidado de la salud visual sea una prioridad y que todas las personas puedan acceder a la atención que necesitan.
Según datos actualizados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 2.200 millones de personas presentan algún tipo de deterioro de la visión cercana o lejana. En al menos 1.000 millones de esos casos, esa discapacidad visual podría haberse evitado o todavía no ha recibido el tratamiento necesario.
Entre las principales causas de discapacidad visual y ceguera se encuentran los errores refractivos no corregidos y las cataratas. También tienen un impacto significativo enfermedades como el glaucoma, la retinopatía diabética y la degeneración macular relacionada con la edad. La pérdida de visión puede presentarse en cualquier etapa de la vida, aunque su frecuencia aumenta con la edad.
Miopía: una problemática en crecimiento
Dentro de los problemas visuales que muestran una tendencia creciente a nivel mundial, la miopía ocupa un lugar cada vez más importante, especialmente entre niños, adolescentes y adultos jóvenes.
Una de las proyecciones internacionales más citadas estima que, si las tendencias observadas continúan, para el año 2050 cerca de la mitad de la población mundial podría tener miopía.
Investigaciones más recientes confirman esta tendencia entre las nuevas generaciones. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que analizó 276 estudios con más de 5,4 millones de niños y adolescentes de 50 países, encontró que la prevalencia global de miopía en este grupo pasó de aproximadamente 24% en 1990 a cerca del 36% en 2023. Los investigadores proyectan que podría alcanzar alrededor del 40% en 2050, superando los 740 millones de niños y adolescentes con miopía en el mundo.
La evidencia científica muestra una asociación entre su desarrollo durante la infancia y el trabajo prolongado a corta distancia, el mayor tiempo de exposición a pantallas y un menor tiempo al aire libre.
¿Qué ocurre en Argentina?
En Argentina, distintos estudios también muestran la relevancia de fortalecer la prevención y los controles visuales. Una encuesta nacional realizada en 2013 en personas mayores de 50 años identificó a la catarata no operada como la principal causa de ceguera y a los errores refractivos no corregidos como una de las principales causas de discapacidad visual moderada.
Más recientemente, un estudio realizado en 2024 con 1.298 niños y adolescentes de entre 7 y 15 años encontró una prevalencia de miopía autorreportada del 23,7% y señaló asociaciones con factores como la lectura intensiva, los antecedentes familiares y un menor tiempo al aire libre.

El control oftalmológico, una herramienta fundamental
No todas las enfermedades oculares producen síntomas en sus etapas iniciales. El glaucoma, por ejemplo, puede avanzar progresivamente sin que la persona perciba cambios importantes en su visión hasta estadios más avanzados. Otras enfermedades, como la retinopatía diabética, también pueden desarrollarse durante un tiempo sin manifestaciones evidentes.
Por eso, esperar a ver mal no debería ser el criterio para consultar al oftalmólogo.
En niños, los controles permiten detectar tempranamente errores refractivos, ambliopía, estrabismo y otras alteraciones que pueden interferir con el desarrollo visual y el aprendizaje. En la edad adulta adquieren relevancia la detección y seguimiento del glaucoma, las cataratas, las patologías de retina y córnea y los cambios asociados a la edad, entre otras condiciones.
En este sentido, la Dra. María José Riera, especialista en Glaucoma del Instituto Santa Lucía Paraná, destaca la importancia de incorporar los controles oftalmológicos periódicos dentro del cuidado general de la salud, incluso cuando no existen síntomas. El diagnóstico temprano permite identificar factores de riesgo, realizar los estudios necesarios y definir tratamientos y seguimientos adecuados para cada paciente.

El Día Mundial de la Visión constituye así una oportunidad para recordar que cuidar los ojos no comienza cuando aparece una dificultad para ver. La prevención, los hábitos saludables y los controles periódicos son fundamentales para preservar la visión a lo largo de toda la vida.
El Instituto Santa Lucía Paraná aborda la salud visual desde una perspectiva integral, combinando tecnología de avanzada, excelencia profesional y calidad humana, junto con la investigación y la formación continua. Cuenta con profesionales especializados en las distintas áreas de la oftalmología, entre ellas Glaucoma, Retina y Vítreo, Oftalmología Infantil y Estrabismo, Oculoplastía y Vías Lagrimales, Oftalmología Deportiva y Cirugía Refractiva, Cataratas y Córnea, posibilitando una atención integral y personalizada en las diferentes etapas de la vida.

